
El avión temblaba de forma desagradable y fuera la lluvia desafinaba. Todos sus recuerdos cuidadosamente guardados en una gran maleta. Acompañando, incontables personas desconocidas, todas de ojos claros y cabellos finos. Habría añoranza por la calidez y la alegría mediterránea, los dulces vagares en noches de verano donde no hacían falta las chaquetas ni formalidades. Lo que esperaba eran metros de nieve y días sin sol.
